
Nuevitas, Camagüey, 19 ene.- En la antigua Plaza Mayor, hoy parque Salvador Cisneros, de Nuevitas, conocido también por Parque del Cañón, varias ceibas centenarias se elevan como guardianas de la memoria colectiva.
Bajo su sombra han transcurrido fiestas populares, discursos patrióticos y no pocas declaraciones de amor. Pero la presencia de estos árboles imponentes trasciende el lugar, pues pueden hallarse en barrios, caminos y patios familiares.
La ceiba ocupa un lugar sagrado en las creencias espirituales de Cuba y gran parte de América Latina. En la Regla de Ocha o santería se le atribuye un poder especial como morada de orishas y espíritus, símbolo de fuerza y protección.
Bajo sus ramas se depositan ofrendas y se pronuncian rezos, pues se le considera un puente entre el mundo terrenal y el espiritual. No es extraño que muchos nueviteros toquen su tronco antes de emprender un viaje o tomar decisiones importantes.
Originaria de América, formaba parte del paisaje cubano mucho antes de la llegada de los colonizadores. Su carácter autóctono la convirtió en un referente natural y espiritual para los pueblos originarios y, con el tiempo, en un símbolo esencial de la identidad nacional.
En la entrada de la bahía de Nuevitas uno de esas majestuosas ceibas funciona como vigía del horizonte. Los pescadores la utilizan desde hace cientos de años a manera de punto de referencia, recordando que, además, orientan la vida cotidiana.
Aunque persiste la creencia de que a ellas no les caen rayos, un mito desmentido por la ciencia. En realidad, su altura y frondosidad las convierten en objetivos frecuentes de descargas eléctricas durante tormentas. La leyenda, no obstante, se mantiene como expresión del respeto popular.
El profesor Manuel Francisco Reyna Sedeño destaca que: sus raíces representan la conexión entre el mundo terrenal y el espiritual, y su presencia está asociada a rituales y ceremonias. Para la comunidad lugareña constituye un emblema de identidad cultural y un elemento inseparable de su paisaje histórico.
Para los habitantes de Nuevitas caminar junto a una ceiba es sentir que en cada hoja vibra la voz de quienes los precedieron, que en cada raíz late la resistencia de un pueblo acostumbrado a sobreponerse a los desafíos.
Allí, bajo su copa inmensa, muchos encuentran consuelo, otros buscan respuestas y algunos simplemente agradecen estar vivos.
Por eso, mientras una de ellas permanezca en pie, igualmente permanecerá la certeza de que la historia continúa, de que la identidad se afirma y de que la esperanza siempre puede seguir creciendo hacia lo más alto del cielo. (Celia Serrano Maldonado/Radio Nuevitas) (Foto: Radio Nuevitas)